
Escuchamos, con continuidad y de forma machacona, que los jóvenes no leen nada o poco o algo, pero siempre, o casi, dando la sensación que se lee menos que antes.
Parece, en esta ocasión, que las palabras mienten, algún interés habrá en ello y que los datos parecen decir que esto no es así. Que entre los 14 y 16 años, difícil edad en la que casi todo disminuye en interés, parece que el de la lentura empieza a acrecentarse ligeramente.
Todavía estamos lejor de las cifras de otros países, pero hay algo importante: el crecimiento es lento y constante, señal clara de camino de perdurabilidad.