A la actual Ministra de Cultura se le suele llenar la boca con declaraciones grandilocuentes, pero, generalmente, vacías de contenido. Quiere convencer a la UNESCO de la necesidad de aplicar criterios de excepcionalidad en relación al libro, pero ella no los aplica sobre un conjunto importante de libros como es el caso de los de texto.
No defiende la política de descuentos del Gobierno anterior, pero tampoco indica ni toma ninguna decisión, ahora que puede y debe, en función de sus criterios, para cambiarla.
Señala que dicha medida perjudica seriamente a las librerías, pero tampoco propone nada que pueda ayudar a cambiar la situación. Parece que a la Ministra le gusta la ’alta cultura’, muchas veces vacía de contenido y de referentes y le da miedo entrar en el trabajo del día a día.