Asistí ayer en Bilbao a las ocho de la tarde a la inauguración de la exposición de María Eugenia en la Sala K-Toño del Hotel Indautxu.
Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y más, todavía, que no veía a José Luis.
A veces, casi siempre, el tiempo y la distacia en lo afectivo nos hacen distorsionar la realidad. José Luis hizo un gran esfuerzo para asistir y allí se vio rodeado de gente, pero sobre todo de dos personas que hicieron que recordase y volviese a sentir lo que supone la amistad deseinteresada. Acompañado de un amigo de toda la vida, de los del barrio, de los de las trastadas infantiles y correrías juveniles y de un pintor que mostró más sensibilidad o que trasladó la misma del pincel al tacto y a la voz, allí estuvo tranquilo a ratos, nostálgico, en otros, sobre todo cuando salía Daniel en la conversación, exc´peitco e irónico en los más, pero disfrutando del momento y la compañía.