He terminado de leer estos días el libro "Introducción a los estudios culturales" de Mattelart y Neveud, editado por Paidós.
Recojo del mismo una cita en su página 160:
• Al desplazarse desde la UNESCO hacia la OMC, los debates sobre la cultura y la legitimidad de las políticas culturales se han inclinado por el área de las negociaciones sobre los “servicios”. La cuestión del estatuto de las mercancías culturales pertenecerá, en lo sucesivo, al ámbito de la geopolítica y de la geoeconomía. Durante este trayecto, la noción de “diversidad cultural” se ha metamorfoseado en pluralidad de ofertas de productos y servicios en un mercado mundial competitivo, técnicamente preparado para producir diversidad en el seno mismo de la estandarización de masas. Esto es lo que le permitió a Jean Marie Messier, el exdirigente de Vivendi Universal, convertirse en 2001, en paladín de la “diversidad cultural” y azote de la excepción cultural.
Y pienso en el falso mensaje de los grandes editores y de algunos pequeños a su sombra que consideran su obra, las que ellos venden y publican el mayor y mejor reflejo de la pluralidad y riqueza cultural, dejando siempre de lado en dicho discurso la vertiente económica y de poder.
Junto a ello se unen interesantes reflexiones en la red sobre la cultura libre y la superación del ’derecho feudal’ de propiedad.