El libro lleva asociado el tiempo. Tiempo de darse tiempo para recircular por un cerebro perezoso y limitado, a pesar de sus miles de millones de neuronas y de las millonarias conexiones sinápticas entre ellas. Tiempo para ensimismarse, acotar, repasar, suspirar, clamar, dormir… tal vez soñar. Tiempo para tocar, oler, sentir, avistar, manosear… (Francisco Puche; Un librero en apuros. Memorias de afanes y quebrantos; Genal; pag. 135)