El tres de marzo escribíamos: ’El dolor que no pudo ser hablado buscará otro lenguaje que no sea la palabra’ (Serrano, M., Para que no me olvides; Txalaparta, Pamplona 1997, pag. 140) (en recuerdo a Santi Cámara gran librero y mejor persona).
Hace ahora un mes, murió otra gran persona que también hizo sus pinitos como librero mientras estudiaba la carrera, José Luis Villacorta. Ambos hechos han marcado parte de la vida de este año y dejarán su sello en el futuro. Hace poco, después de la muerte de José Luis, me comentaba un escritor que fue incapaz, se sintió sin fuerzas para acudir al funeral y reflexionaba y me hablaba sobre cómo ante el dolor o la muerte nos situamos con todo nuestro bagage convirtiéndolo en una experiencia única e irrepetible.
De ahí quizá la dificultad de verbalizarlo y convertirlo sólo en ’meras’ palabras.