Durante mucho tiempo, había sido capaz de captar las señales, acoger la novedad, pero ahora, decía, lo que cambia ya no cambia de la misma manera. Sin embargo, bajo la avalanzha de la mercancía textual, la marejada de productos efímeros, paradójicamente denominados “libros”, la muchedumbre de individuos que escriben y se hacen llamar escritores, el librero seguía intentando extraer el mineral raro, con constancia y firmeza. Y su memoria, al igual que su cuerpo, engordaba. …(Pierre Péju; El librero Vollard; Tropismos, pag. 49-50)