Tiempo de trabajo y tiempo de vida (Pablo Angulo e Iñaki Unzueta)

Según recuerda A. W. Crosby, el tiempo industrial aparece en la primera mitad del siglo XIV, cuando el 24 de abril de 1355 el monarca Felipe VI concedió a la Alcaldía de Amiens la facultad de señalar por medio del tañido de una campana la hora en que los trabajadores de esa ciudad debían acudir al trabajo, la hora del descanso para comer, la hora de vuelta al trabajo y la hora de finalizarlo. Es así como lentamente irrumpe un tiempo nuevo, mecánico: el tiempo del mercado y de la industria, ligado al puritanismo burgués y que desplaza al tiempo de la naturaleza. El proceso de expansión del tiempo del mercado continúa, y ya estamos inmersos en un nuevo debate sobre la liberalización de los horarios comerciales. Desde la histórica huelga de los años 70 de los panaderos por no abrir los domingos, el proceso de liberalización y desregulación de horarios y de tiempos de trabajo ha sido imparable. La primera gran ruptura en nuestros modos de consumo se produjo con la aparición de las grandes superficies, que prolongaron sus jornadas de 10.00 a 22.00 horas, de forma ininterrumpida y de lunes a sábado. Posteriormente la modalidad de no cerrar al mediodía se ha ido extendiendo entre tiendas de moda y grandes almacenes de cara a facilitar el consumo a aquellas personas cuyos horarios laborales coinciden con los comerciales.

En este proceso liberalizador colisionan variados intereses y se entrecruzan muchas dimensiones. De una parte, se alega que la apertura en domingos y festivos es una demanda de los consumidores. Sin embargo, los datos de los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas y los de la reciente encuesta realizada por este diario indican que no existe una demanda de apertura en días festivos, ya que casi de forma constante un 87% de los encuestados manifiesta no sentirse perjudicado por el cierre de los establecimientos comerciales en domingos y festivos. La lucha entre grandes y pequeños comerciantes sí parece que tiene más que ver con los intereses económicos en juego que con una demanda social, y en esta reestructuración del mercado de distribución todo apunta a que sea el pequeño comerciante el que resulte malparado. Aunque las medidas de liberalización no parecen en un principio rentables, pues el coste salarial es mucho mayor que la rentas obtenidas, existe el fundado temor de un paulatino desplazamiento del consumo desde el comercio de proximidad a los grandes centros comerciales. En esa lucha encarnizada por la ampliación de la cuota de mercado, los grandes centros comerciales podrían en una primera fase promover fuertes campañas publicitarias y abaratar los productos, provocando la lenta agonía y el cierre del pequeño comercio.

Óscar Méndez trabaja desde los 16 años limpiando callos y cortando hígados a las reses en la casquería del mercado de Aluche, que su abuelo fundó en 1930. Está orgulloso y sigue el ejemplo de su abuelo: «Si un día un cliente no tiene dinero, le cobramos cuando lo tenga, si podemos. A ver si lo hacen en las grandes superficies». Pero Óscar cree que muchos clientes le abandonarían si las grandes superficies abrieran los domingos: «Cuanto más abren ellos, más bajan nuestras ventas». Es de prever que, paulatinamente, los grandes centros comerciales irían absorbiendo parte de la cuota de mercado de los pequeños comercios, con un desplazamiento de la distribución del centro a la periferia. Y aunque en un primer momento esto podría beneficiar al consumidor, posteriormente, con el pequeño comercio eliminado, se daría una mayor concentración empresarial, menor competencia, peor servicio, desertificación e inseguridad del centro urbano, mayor utilización del vehículo privado, etcétera.

Por otro lado, la liberalización de los horarios comerciales presenta una dimensión sociolaboral en cuanto que destruye empleo, modifica la naturaleza del empleo que se crea y transforma las relaciones laborales. En efecto, el Observatorio Europeo de Relaciones Laborales, EIRO, calcula que 277 empleos de hipermercado sustituyen las ventas de 318 empleos de supermercado y de 1.557 de comerciantes tradicionales. Asimismo, ASEDAS ha calculado que en la Comunidad Autónoma de Madrid, la más agresiva en la liberalización de horarios, se destruyeron 55.000 empleos entre 1996 y 1999, y desaparecieron cerca de 19.000 establecimientos. Según este mismo estudio, la apertura en domingos y festivos supondría en España una pérdida neta de entre 34.000 y 65.000 empleos. Además, vendría acompañada de una pérdida de calidad del empleo, puesto que muy probablemente se sustituiría empleo estable por contratos a tiempo parcial y con horarios irregulares.

Por último, la liberalización de los horarios comerciales tiene profundas repercusiones en la vida privada y pública, en los tiempos de ocio y en los tiempos de la ciudad. A la mercantilización de los bienes y del espacio le sigue la mercantilización del tiempo. Como dice Rifkin: «Cualquier instante de nuestro tiempo libre se rellena por algún tipo de conexión comercial, convirtiendo así al tiempo en el más escaso de todos los recursos». El estudio de La Caixa ’La familia española ante la educación de los hijos’ señala que «el descuido de la educación de los hijos en el seno familiar es un factor de deterioro», y también es sabido que los adolescentes con familias poco cohesionadas consumen más drogas. ¿Cómo va a atender adecuadamente a sus hijos una madre que trabaja los fines de semana y que libra los miércoles? ¿Cómo se va a conciliar en estas circunstancias la vida laboral y la vida familiar? Fernanda Martín tiene dos hijos de 13 y 17 años, y regenta una humilde tienda de ultramarinos en Moratalaz. Trabaja junto a su marido de nueve a ocho de la tarde y tiene miedo de que los grandes centros comerciales puedan abrir los fines de semana: «Si tenemos que meter un empleado de fuera, tendríamos que cerrar. No hay negocio para tanto. Y si trabajamos, los hijos se sentirán fatal. Quiero los domingos para mis hijos». Pero además de la mercantilización del tiempo de ocio y de la desatención de la familia, la liberalización de los horarios trastoca el tiempo de la ciudad, convulsiona los tiempos colectivos y de participación ciudadana y, con ello, la democracia se ahoga por falta de tiempo.

12/12/2004 21:28 enlace. Tema: El tiempo y la vida.

Comentarios » Ir a formulario

No hay comentarios

Añadir un comentario

*

*
No será mostrado.


*

* Datos requeridos.




con valor

Sobre libro, lectura y cultura. Un espacio para la reflexión y el compartir lento..... Si deseas recibir el boletín Reposar (Permanecer en quietud y paz y sin alteración) envía un correo a (jm.barandiaran@convalor.biz) con "interesado" en el asunto. Las opiniones, comentarios y sugerencias son siempre bien recibidos.
Subscríbete a con valor por correo y recibirás todas las actualizaciones

Temas

Archivos

Enlaces

Personal

Actitudes

BBB y blogs

Buenas prácticas

Cultura

Educación

El 'mundo' del libro

Gestión del conocimiento

La lectura

La librería

Libros y Revistas digitales

¡Ojo al dato!

Otros


http://convalor.blogia.com
[Valid RSS]

Enter your email address:

Delivered by FeedBurner

Blog creado con Blogia. Derechos de autor con . Estadísticas. Suscribir RSS. Admin.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras; Emprendedor ven a Iniciador Aragón.
Technorati Profile