Hemos pasado un par de días en Madrid, reuniéndonos con clientes actuales y posibles de cara a aproyectos del 2005 y, cuando se está con los ojos y oidos abiertos, siempre hay posibilidades de aprender o de vivir nuevas experiencias.
Así, un taxista, conocedores y observadores muchos ellos de la variedad de la vida, nos dio uno de los mayores ejemplos de autoestima personal.
Al conseguir hacer sin error el recorrido que habíamos solicitado, y siendo además un taxista no hablador, cosa extraña, durante el trayecto, al llegar al punto de destino nada más parar dijo para sí: Soy tan bueno que no me puedo aguantar y, sin más, siguió a lo suyo.
Esta sencillez y capacidad de expresar lo que uno siente choca, quizás, con la reflexión que provocó la siguiente frase:
Con frecuencia, aunque no siempre nos demos cuenta, leemos en busca de una mente más original que la nuestra. (Harold Bloom; Cómo leer y por qué; Anagrama, pag. 22)
A la que nos respondían:
Ahora que leo esto, creo que mi mente no es original, de manera que cualquier otra mente no sólo ha de ser más original que la mía, sino que le bastará con encontrarse conmigo para ser original de una vez. Pero me queda la duda: ¿en qué consiste una mente original? o de otro modo:¿en qué sentido una mente es original?
Probablemente sólo se puede ser original desde la asunción de la propia vida que nos hace a cada uno distinto y diferente. El taxista, seguro que va por buen camino.