
Autor: Hiner Saleem
Título: El fusil de mi padre
Páginas: 152
Año Edición: 2005
Editorial: Anagrama
ISBN: 84-33987057-7
Comentario
Quien me lo recomendó, un librero, me dijo que sólo el primer párrafo ya merecía la pena. Y no se equivocó.
Desde los ojos de un niño que crece se presenta el sinsentido de la ’deslocalización’ de todo un pueblo y de las personas que de él forman parte.
Un par de fragmentos
Me llamo Azad Shero Selim. Soy nieto de Selim Malai. Mi abuelo tenía un gran sentido del humos. Decía que había nacido kurdo en una tierra libre. Luego llegaron los otomanos y le dijeron: Tú eres otomano. Y así fue como se convirtió en otomano. Cuando el Imperio otomano cayó, pasó a ser turco. Los turcos se fueron y él volvió a ser kurdo en el reino de Sheik Mahmud, rey de los kurdos. Al llegar los ingleses, mi abuelo se convirtió en súbdito de Su Graciosa Majestad, e incluso aprendió algunas palabras inglesas. Los ingleses inventaron Irak. Mi abuelo se convirtió en iraquí, pero jamás llegó a comprender el enigma de aquella nueva palabra, Irak, y, hasta su último aliento, nunca se sintió orgulloso de ser iraquí. Su hijo, es decir, mi padre, Shero Selim Malai, tampoco. Pero yo, Azad, todavía era un niño. (pag. 7). Recuerda mucho a otro de Amos Oz en su libro Contra el fanatismo
Después de la telenovela Anter y Habla daban un documental sobre el mar y los peces, en el que, al menos durante media hora, un hombre alto y delgado, con una expresión muy seria y con una boina roja en la cabeza, hablaba una lengua extraña que me daba miedo. Yo tenía muy claro que nosotros hablábamos kurdo, los iraquíes árabe y el resto del mundo inglés. ¿Cuál podría ser pues la lengua misteriosa que hablaba aquel hombre?. La televisión de mi tío daba también películas indias. Pero yo no estaba contento; no había nada en mi lengua. Eso me intrigaba mucho. ¿Tal vez nuestra voz no podía trasmitirse a través de la pantalla? ¿O quizás la lengua de la televisión la escogían en el país donde fabricaban los aparatos?. Tenía muchas ganas de poder mirar una televisión kurda….y juré que algún día haría hablar a aquella máquina en kurdo. (pag. 57)
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