El dolor nos hace ver. El dolor es un asunto ineludible. Y uno de sus efectos es ése: el de obligarnos a ver. El de impedirnos fingir, el de impedir que nos distraigamos con vaguedades. Por eso, el dolor atrae a la verdad: nos sume en el silencio y nos hace pensar….No nos desentendamos del dolor rápidamente: el luto es tiempo. Hay que pensarlo todo de nuevo, otra vez. Más despacio. El ojo herido se abre lentamente (F.L. Chivite El Correo 19-04-2004)