
La muerte súbita de los libros es el corolario inevitable de la concentración editorial, de la sobreproducción, de intentar rentabilizar al máximo el espacio de librerías, cadenas, grandes superficies, de los contenedores varios de libros. El resultado de la huida hacia delante estaba cantado. . (Jorge Herralde;
El observatorio Editorial; Adriana Hidalgo; pag. 28-29)