Recojo algunas críticas aparecidas durante el mes de agosto en un par de artículos publicados en
El Diario montañés y en
La Rioja que, aunque ya sean viejas, conviene seguir teniendo en cuenta. Las resumimos así:
- La industria cultural del libro es cada vez más industria y menos cultura con lo cual acaba perdiendo su sentido y su justificación.
"La novela está en manos de unos editores a quienes preocupa sólo la difusión, lo único que les interesa es la venta, cualquier valor cultural queda postergado". - Prima la producción sobre la calidad.
No importa tanto la obra bien hecha, como la venta de muchos miles de ejemplares que proporcionen fama y liquidez.- No parece interesar el trabajo bien hecho.
Los editores no cesen en su empeño de atraer al lector del modo en el que sea necesario, todo sea por vender, aunque en el intento se pierda coherencia, seriedad, casi el mínimo buen gusto deseable.- La creación real no existe sin obra. Los anticipos no tienen excesivo sentido.
Los autores «firman contratos millonarios por obras que ni siquiera han comenzado».Sirvan para tomar nota. Conste que no todos son así, pero, a veces, el mal ejemplo cunde.