En este Olimpo de monstruos hay uno tan grande como el que más, el monstruo, el dios de la cantidad. Él es el que nos invita a resbalar hacia la catástrofe, poníendonos a los pies de ese deslizadero, esa falaz ecuación: más, igual a mejor. Ajustémnos a semejante insidia y la vida del hombre consistirá en aumentar y no en mejorar, en acrecentar, no en perfeccionar. (Pedro Salinas; Defensa de la lectura; pag. 15)