Quise regalar Lolita a una amiga, ni tan nínfula como la protagonista, ni tan madura como Humbert Humbert. Acudo a una gran librería, busco entre sus estanterías. Nada, no la encuentro ni en tamaño de bolsillo. Me extraña. Pregunto a un, ¿cómo llamarlo?, ¿librero?, no, digamos a un amable dependiente: "Por favor, estoy buscando Lolita, de Nabokov". Y él, con profesional amabilidad, me pregunta: "¿En qué género se inscribe?". Le agradecí sus atenciones, salí de la macrolibrería, y me salvó mi querido librero Chus Visor. También me hubieran salvado Miguel Hernández, el histórico librero de la Antonio Machado, o Méndez u otros muchos de pequeñas o grandes librerías de todo el país.Leído en el artículo de Javier Rioyo
"Buscando Sodoma"