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Perdiendo el futuro (Esteban Hernández)Reflexiones tras la lectura de la edición desde la ansiedad de Jordi Nadal. Esteban Hernández Uno de los objetos más peculiares de la ficción fantástica es la bola de cristal. En un sentido, se trataba de un instrumento que permitía traer el futuro ante nuestros ojos y que habitualmente nos prevenía de los malos pasos que estábamos a punto de dar. En otro aspecto convertía a su poseedor en un personaje de especiales poderes, una suerte de referencia temible para la vida de la comunidad.La industria cultural debía recurrir a la bola de cristal con alguna frecuencia. En tanto no producía bienes de primera necesidad y, dado que los deseos, esperanzas y aspiraciones de la gente común, que eran su materia prima, poseían expresiones cambiantes, averiguar qué clase de obra podía interesar suficientemente a esa abstracción denominada público requería de una cierta tarea anticipadora. Las herramientas que permitían rastrear el futuro estaban relacionadas con características propias de los materiales de que disponía: una expresión formal lograda, una historia atractiva y sólida, cierta conexión con los tiempos en los que el lector debía abrir el libro, etc.La posmodernidad no cuenta entre sus propiedades con la legibilidad. El mundo parece haberse vuelto más opaco, las dificultades de orientación se han multiplicado, nuestras máquinas de previsión ya no parecen tan fiables. No es extraño, entonces, que la angustia se instale en la edición, como antes en otros sectores mercantiles. Tampoco debe sorprendernos su exceso: la abundancia de títulos editados no es más que el reverso de la inseguridad con que se toman las decisiones. Podríamos argumentar válidamente que la exigencia de mayores beneficios genera un plus de intranquilidad; pero también que, en ese mismo movimiento, nos hemos quedado sin criterios orientadores que nos permitan pisar suelo firme. Así, cuando hoy se pregunta al futuro se ponderan sólo factores externos: popularidad del firmante, tratamiento de asuntos de interés coyuntural para los medios de masas, posibilidad de difusión en esos mismos medios, etc. Pero casi nadie está cómodo con esas nuevas reglas de juego; en parte porque convierten en prescindibles a editores y librerías de calidad; en otro sentido, porque todos sabemos que esa es la bola de cristal que solían utilizar los malos feriantes. De modo que, en cuanto se disipa el humo, cada vez vemos más claramente que el único modo de obtener rentabilidad es actualizando los viejos criterios.Pero el problema, y lo que hoy debe consultarse a la bola de cristal, es si queda alguien en la gran industria que sea capaz de reconocerlo y, a la vez, de activar los resortes para enderezar el rumbo.
06/11/2005 20:05 enlace. El 'mundo' del libro Comentarios » Ir a formulario |
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