Hoy en día sé algo que en esa época aún desconocía. Que el cariño es una emoción desarticulada por excelencia, y por eso se resiste a ser dosificada con prudencia. Es inútil pretender regular cómo debe encauzar cada uno sus afectos: no hay fórmulas que valgan. (Magda Szabó; La Puerta; Mondadori; pag. 99)