Almudena Grandes ha realizado unas interesantes declaraciones las semana pasada a La Nueva España de Asturias donde intenta tirar por tierra algunos tópicos y revindicar el papel del escritor.
Reconoce que la literatura es para minorías y, parece, que cada vez más. No convierte a la televisión en el "medio fatal" que debe ser continuamente enfrentado al libro. Realiza una defensa del valor de la lectura, por el posible aporte de profundidad y reivindica el "posicionamiento" del escritor.
El fenómeno de literatura y minorías parece que puede no estar tan claro en función de las políticas que se utilicen. Son interesantes, en este sentido los datos aportados por La Nación en relación, en concreto, a la evolución y uso del lirbo en Argentina dentro del ámbito escolar.
Quizás, como señala Pablo de Santis, haya que aprender a negociar entre el mundo y la lectura, sobre todo, en las primeras edades y en la imagen social no de la lectura, sino del lector. Quizás, también, esto sea difícil, por ejemplo, desde el medio escolar si se cumple el diagnóstico de A.M. Chartier que afirma: la obligatoriedad de la enseñanza, impuesta por el Estado, conduce a actitudes escolares negligentes e incluso de abierta resistencia a los conocimientos que se imparten. Si eso es cierto, es evidente que, en un grado u otro, no hay nada que hacer.