Se celebró ayer el Día Internacional de la Lengua Materna. Como en muchos otros factores de la vida sólo añoramos aquello que nos falta o vemos en peligro de desaparición. Así, comparativamente, parece que ninguna de las lenguas maternas del espacio patrio merecen, casi, ni celebración ni se siente su peligro de desaparición, excepto el leonés o el asturiano.
Ello nos ayuda, por lo tanto, a situar todo en relación al conjunto y ver que hay situaciones mucho más serias de peligro real de extinción. Se afirma que desaparece una lengua cada dos semanas. Si hacemos caso a Ferrarotti, esto sitúa cada vez a más gente en situación de exilio vital ya que: Las palabras no son las cosas, sino que las cosas están detrás de las palabras, y las palabras decisivas, para todo un destino, son las palabras de la madre, la lengua materna hasta en los movimientos, en los meandros y los eructos prenatales. Todas las demás lenguas son las lenguas y las palabras del exilio. (Franco Ferrarotti; Leer, leerse, Península; pag 75).
Queda, ahora, la pregunta en el aire: ¿es la lengua española, y las otras, en sus procesos de extensión aliada de la diversidad o tendente al monopolio expresivo y comunicativo?, ¿es solidaria o imperialista en su forma de hacer?. Cuando ya se habla del negocio de la lengua, uno tiene la sensación de que se camina más en la línea de la recogida de beneficos económicos que del respeto cultural.