Como un cambio de "era" o fase de capitalismo recogí el otro día paseando esta instantánea que no srecuerda, en parte de dónde venimos y a dónde vamos.
No hace muchos años, las fábricas estaban todavía dentro de Bilbao. Parece que avanzamos y evolucionamos dentro del modelo capitalista, pero, quizás, todo sigue siendo lo mismo.

A diferencia de la ideología en el capitalismo de producción y en el capitalismo de consumo, lo más importante en el capitalismo de ficción no son las mercancías físicas, sino las ideas. Los trabajadores de antes eran obreros o empleados, pero ahora son colegas: a la jerarquía sucede la descentralización y a la línea de mando las redes. En la propuesta personalizada de la empresa modelo, los trabajadores no necesitan ser controlados, deben autocontrolarse, no necesitan ser conminados, se autoerigen. Se autorreclaman tanto como para no separar el tiempo de ocio y el de trabajo: en cualquier fin de semana siguen teleproduciendo, pero incluso sus almuerzos, sus cenas, las amistades y hasta los amores tienen que ver con el trabajo o pueden beneficiar la operación en marcha. No puede hablarse pues rigurosamente de empleados sino de implicados. (Vicente Verdú; El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción; Anagrama, pag. 200-201)