No ha solido ser habitual en el sector del libro el hecho de que en las instituciones asociativas se presentan varias candidaturas. Siempre se ha llegado con mejor o peor resultado a candidaturas de consenso.
Se suele afirmar que la función crea el órgano y, quizás, las instituciones sectoriales han perdido o igual nunca han alcanzado la suficiente "cintura" democrática como para que distintas candidaturas entren en una limpia competición de programas y fines. Así ocurre que cuando hay más de una candidatura lo que parece mostrarse no son divergencias y proyectos distintos y matizables sino claros enfrentamientos.
Algo de esto creo ha ocurrido en el Gremi de llibreters y la nueva dirección parece aplicare, casi, una política de tierra quemada.
Personalmente había líneas de trabajo de antes que no me gustaban y, ahora veo, también, actitudes que no me convencen.
Muestra de ello son dos reflexiones que recojo de La Vanguardia. La primera de Sergio Vila Sanjuan en relación al Premio Llibreter y la segunda de Xavi Ayén con motivo de la valoración del Día del Llibre.
Me comentan también que la nueva junta está estudiando la solicitud de su vuelta a CEGAL. Creo que es una buena noticia, pero atentos a las actitudes y las formas de todos.