Coincido a grandes líneas con el artículo de Belén Gopegui. Sólo recordarle que de la revolución leninista surgió un terrorífico pasquín llamado "La verdad" (Pravda) y que ningún medio de comunicación con semejante nombre ofrece la menor credibilidad. Si las empresas privadas de comunicación son fábricas de realidad, también y mucho más lo son las que dependen de Estados y de gobiernos. Los ejemplos sobran, también en esa querida isla de nuestra magnífica autora: Cuba. El capitalismo de tercera generación en el que vivimos es asfixiante, pero el mundo en el que vivieron Pasternak y Solienitzin lo fue mucho más.