
Quitando en los mercadillos, el negocio del libro usado no es habitual en España. Parece que hay un niño de negocio importante y que, al igual que ocurre, por ejemplo, con la ropa se irá poco a poco abriendo paso.
Ante los agoreros que, por ejemplo, con el libro de texto argumentan razones higiénicas para su no nuevo uso, se abre la posibilidad de leer igual y gastar menos. Seguro que para los obsesionados por la limpieza se puede, también, encontrar un buen sistema que deje al libro libre de agentes parásitos y ensuciantes.
Lo que descopnozco, por ejemplo, es cuál es en España la regulación legal para este tipo de comercio.
Vía el Bibliómano