
Para pasar el rato, se dedicó a contar cada caricia del viento que era capaz de sentir en el rostro. Se le ocurrió anotarlo en aquella lista en la que iba incluyendo los motivos de gozo que hallaba en la vida. Aquéllos que sólo le estaban reservados al hombre feliz. (Henning Mankell; Pisando los talones; Quinteto; pag. 189)
Conviene anotar los momentos de gozo para cuando llegan los momentos duros.