La filosofía mercantilista que desde hace mucho tiempo viene rigiendo la cultura ha convertido a las grandes casas editoras en expendedoras de best-sellers previsibles, prefabricados sobre un riguroso estudio de mercado. Para ello se cuenta con estrategias que van desde los más sutiles recursos publicitarios al arancelamiento de críticos especializados, encargados de convencer a los lectores de que el libro que ellos están deseando es aquel que hallarán en el sector de “Novedades”, y que en rigor debería llamarse “Fugacidades”, porque no suele ser otro el destino de esa clase de literatura. (Ernesto Sabato; España en los diarios de mi vejez ; pag. 44)
Muy bien expresado. Además, el poco interés en una lectura de 'calidad' hace que nos adocenemos y caigamos en la inercia de leer sólo los libros de moda.