Depende, depende. Nuevos interrogantes de JPQ.
Al no estar ya los libros encerrados de por vida dentro de encuadernaciones fijas, los editores disponen en Internet de oportunidades inagotables de crear productos nuevos, útiles y lucrativos. La Web habría sido ideal para Walt Whitman y sus cambiantes ediciones de Hojas de Hierba. También lo habría sido para Teodoro Dreiser y Vladimir Nabokov, amargados por editores melindrosos e ignorantes, así como para los escritores de samizdat (literatura impresa y divulgada de forma clandestina en la Unión Soviética y otros países de su órbita comunista) en la antigua Unión Soviética, y lo será para sus homólogos sometidos a las tiranías actuales. Entre las muchas esclavitudes que suprimirá la WWW figura la de las exigencias de rotación de que son víctimas los libreros. En las estanterías infinitamente ampliables de la web habrá espacio para una variedad prácticamente ilimitada de libros que pueden imprimirse por encargo o reproducirse en libros electrónicos o aparatos similares. La invención del tipo movible creó oportunidades que no podían perverse en la época de Gutenberg. Las que aguardan a los escritores y a sus lectores en el futuro próximo son infinitamente mayores. (Jason Epstein; La industria del libro ; pag. 174-175)