Más para el debate enriquecedor. La opinión de Millán.
Suponemos que, por ejemplo, la apuesta del Señor Mascarell, más allá de las lenguas es por estar, como él mismo señala, en la liga de la producción.
Es esencial no confundir las dos ligas que en estos momentos se están jugando: la liga del consumo, una especie de competición que se juega entre todos los ciudadanos y ciudadanas a nivel individual. Básicamente se discute sobre cuántos bienes culturales se adquieren o se disfrutan y qué experiencias compartimos. Y hay una segunda liga, la liga de producción, que viene a ser una especie de Champions League que se juega entre las principales regiones productoras de bienes culturales del planeta. Justamente, estar en la Liga de producción significa considerarse y articularse como una región urbana capaz de ser puntera en la generación de valores simbólicos, en la generación de nuevos contenidos, en la generación de innovación y densidad creativa, en la generación de plataformas adecuadas para emitir en las redes mundiales esas nuevas creaciones. (Ferrán Mascarell; La cultura en la era de la incertidumbre ; pag. 401)