
Gracias a Manolo y a las casualidades de la vida. Todavía recuerdo cuando Zulema venía por Bilbao a las escuelas de verano de expresión que montaba la EDE.
Me impactó lo primero que leí del libro y lo convertí en mi texto de Nuevo Año. Premiado por la Fundación Arte y Derecho. Va a la estantería de lecturas pendientes que este año intentaré que disminuya.