Las distancias, en muchas ocasiones, entre el quiosco y la librería no son tales. Depende de la ubicación, de la población sobre la que se tiene incidencia, del espacio con el que se cuenta, en el fondo, depende, de la visión de negocio y de las posibilidades reales. Y tiene una base histórica en el desprecio que en algún momento mostraron los libreros sobre las publicaciones períodicas jugando al juego de libro=soporte cultural prensa y revistas=divulgación barata.
Así, es muy distinto sentir o vivir un quiosco o una librería como vendedora de soportes o como facilitadora de información. Viene todo esto al caso de varias cosas a la vez.
Cuando salimos fuera de las ciudades o de los pueblos de más de 10.000 habitantes se nos empiezan a car las legañas de los ojos y nos encontramos con espacios, llamémosles quioscos ilustrados que, quizás en vez de estar en medio de la celle disponen de un lonja con multiproducto donde se vende de todo en mayor o menor grado, siendo, en el fondo, ésta la única forma, también de vender libros.
Cada vez que leo y la única vez que he oído y disfrutado de la charla con el "clan quiosquero" me doy cuenta que se podrían compartir análisis. Así, todo lo que plantea en esta entrada , creo que es un buen elemento de reflexión para muchas librerías. ¡Qué para muchas! ¡Para la mayoría!