Cuando un medio no alcanza, parece, ni al 16,5% de la población, sus afanes, o mejor, los afanes de quienes tienen la boca llena del medio ideal para la democratización del contenido y del saber, suenan a palabras vacuas. Las brechas digitales y reales parecen ir creciendo em la misma medida en que el discurso de la aparente igualdad creemos que se va extendiendo.
Nada matará a nada. El aumento de ese caos comunicacional que se nos vende como acceso igualitario tiene trampa sobre todo cuando hay quien viene anunciando la muerte y desaparición del otro.