El viejo Mauriac decía que “los cuerpos hacen muecas” en la senectud, pero Krúdy demostró que, detrás de las muecas, los rostros que nos resultan cercanos siguen brillando invariablemente y que en el fondo de nuestras “vivencias” ha habido y sigue habiendo algo que ni siquiera el tiempo puede alterar. (Sándor Marai; ¡Tierra, tierra! ; pag. 380)