¿Se acuerdan del vino y los odres, del vino nuevo y los odres viejos?
Algo de esto pasa en el mundo de los derechos y la propiedad intelectual. Por un lado lo que con fina ironía pone encima de la pasa o delante de la pantalla, como prefieran, José Antonio Millán en relación a la apertura (¿libre?) de contenidos de prensa histórica por parte de la Biblioteca Nacional. Por otro , ¿quizás más acorde con los tiempos?, la política de Sage, por ejemplo, en relación a la oferta de contenidos científicos en abierto.
Hablaba el otro día con una persona que tiene que bregar con estos asuntos de la propiedad intelectual y creo que los dos teníamos claro que, al final, la última palabra debe ser del autor.