Se nos sigue llenado la boca y el papel, incluso, a veces, hasta anuncios televisivos con el sonsonete de la lectura, su necesidad y su fomento. Se sigue hablando de la escuela como espacio adecuado para la misma, pero cuando al final se leen pequeñas reflexiones reflejo de realidades nos tenemos que volver a preguntar de qué estamos hablando realmente. Esto me ha vuelto a ocurrir al leer este artículo de La Voz de Galicia.
No está de más recordar esta reflexión de Juan Domingo Argüelles:
Hay lectores sin vocación que se ocupan del fomento y de la promoción de la lectura, que dominan ciertas técnicas y conocen ciertas teorías, pero en realidad no leen libros, o más bien no leen más libros que aquellos en los que apoyan la tarea de fomentar y promover, sin que realmente hayan logrado encender alguna vez la chispa de la lectura…; porque, sin duda, la lectura es ante todo una vocación y sólo puede ser contagiada por un lector que viva entusiasmado con esa vocación y que, en consecuencia, no imagine su existencia, ni la de los demás, sin lectura. (Juan Domingo Argüelles; Ustedes que leen ; pag. 28)