
7 Portes fue nuestro refugio al terminar nuestro periplo barcelonés. Allí nos acercamos andando desde Antinous donde había tenido lugar la presentación. Nos entró, al llegar, pánico escénico al ver la cola que todavía había en la calle, pero con cierta celeridad la misma se fue diluyendo al ser engullida en el interior del restaurante.
Espacio inmenso con aire clásico y buenos derivados del pescado. Para Abdelá supuso todo un reto enfrentarse a la parrillada, mientras que Jorge disfrutada volviendo a la infancia con el tronco de merluza cocido. Los demás nos movíamos en términos de cena ligera que, al día sieguiente, todavía había que meter caña al cuerpo en Madrid.