
En una comida reciente, hará unos quice días, mejor dicho, en las copas de después, comentábamos el afán de algunas personas que nunca han escuchado música o nunca han leído por descargarse la primera y guardar en su ordenador la segunda. Lo veíamos como un claro reflejo del modelo capitalista donde parece que el único afán es poseer más sin que dicha posesión tenga ningún otro sentido que la simple demostración que porque quiero es posible y apelando con ello a la libertad y el derecho que tengo a hacerlo pensando, al mismo tiempo y de manera falsa, que como yo puedo todos pueden.
Cuando a muchas de estas personas les planteas un segundo pasito y pretendes contextualizar tanto esos contenidos como la finalidad de los mismos el discurso no es que se desmorone, es que no existe.
El recuerdo me lo ha traído esta entrada de El ojo fisgón.