
¡Quién me iba a decir a mí que iba a ser capaz de meterme un cocido entre pecho y espalda a la una del mediodía!
Cuando el ambiente está relajado y todo va sobre ruedas casi todo es posible. Y eso es lo que nos ocurrió el jueves de la semana pasada en Madrid .
Así que tal y como Jorge venía casi soñando desde el día anterior dirigimos nuestros pasos a Casa Alberto para disfrutar del mismo. Abdelá se conformó con algo más ligero pero, descubrimos su pasión por la tauromaquia.
Local con muchos años y mucha historia a sus espaldas con una barra de picoteo a la entrada y un comedor en la parte trasera que guarda el encanto de los recuerdos que van colgando en sus paredes y que en estas fechas cercanas a San Isidro parecen tomar más fuerza.