El libro –sea novela, ensayo o poesía- debe involucrar al máximo la inteligencia y la sensibilidad del lector. Cuando en un libro, de poesía o de prosa, una frase, una palabra, te traslada a otras imágenes, a otros recuerdos, provocando circuitos fantásticos, entonces, sólo entonces, resplandece el valor de un texto. Al igual que un cuadro, una escultura o un monumento, este texto te enriquece no sólo en lo inmediato, sino que te transforma en la esencia. (Giulio Einaudi; Fragmentos de memoria; Alfons el Magnanim; pag. 100)