
Ayer a la noche me fui a la cama con una gran sensación de congoja al enterarme de la existencia de miles y miles de obras huérfanas , libros, de los que no se puede localizar a su padre autor y vagan doloridos y con gran riesgo de máquina en máquina fotocopiadora.
Parece decir la legislación que si un usuario desea realizar una adopción temporal del mismo lo podrá hacer siempre y cuando de manera fehaciente haya intentado buscar a sus padres.
Con las personas, para realizar este proceso, suele haber una interlocución clara y nítida: los servicios sociales correspondientes. Aquí, aparentemente, deberían ser las entidades de gestión quienes, precisamente por su interés de defensa y paternidad, nos facilitasen el estado de la obra: huérfana, con padre y madre reconocidos, en trámite de adopción, obra descarriada, familia numerosa imposible de controlar......, pero no parece ser así, sino que dejan la responsabilidad en manos del ciudadano.
¿Cuál es entonces su misión?