
Nos referimos a los buenos.
El País nos trae hoy una de esas historias de "cuento de hadas" que nos lleva a descubrir que la vida no es unidimensional, ni sólo económica, que en algunas ocasiones no destila "mala baba de encargo", que tiene matices de cercanía, de colaboración, de solidaridad, de creación de tejido social que realmente merecen la pena. Lo que ha pasado en La Regenta, si es como lo cuentan y no hay por qué dudarlo, sería para estudiarlo despacio y ver que se pueden abrir nuevos modelos colaborativos sostenibles alrededor de la librería.
Para algunos las librerías, algunas, está claro que sí aportan algo. Más allá de los libros vistos como unidades descontextualizadas, más allá de los portales americanos, perdón del portal americano ya que parecería que para alguno sólo existiera uno, más allá de eso está la vida real poco digital o más allá de lo digital que se hace en el roce mantenido a lo largo del tiempo.
Tiene todo ello mucho que ver con las "Comunidades lectoras" de las que hablábamos hace poco y hace más tiempo .