Tras un año de compaña,
desde aquel bendito día
en que Salva apareció
para hacerme compañía
no había vuelvo a quedar solo
frente a tanta estantería
de diarios y revistas,
de cromos y chucherías,
de chicles y caramelos
y otras muchas porquerías,
sin pensar en los paquetes
que olvidados los tenía,
lejos de devoluciones
que era él quien las hacía.
Y a vivir de puta madre
acostumbrado me había.
¡Ay, Salva, quien estuviera
como tú, de romería,
disfrutando de un descanso
por dejar la soltería,
que bien maridado estoy
mas por holgar, repetía!
Solo cual la una estoy
al despuntar la mañana
que no pusieron las calles
cuando bajé de la cama
ni apagaron los faroles
que alumbran de mala gana,
capoteando a los clientes
que aún se nota en su cara
la mala leche que llevan
por salir de madrugada.
Soportando por la tarde
el calor en mi cabaña,
viendo pasar a las gentes
que me compran la Ragazza
porque regala un bikini
que van a usar en la playa
o que se llevan el Telva
con sus zapatillas planas.
Gritando a pleno pulmón
y con envidia harto insana
“Qué lentas pasan las horas,
cuán larga es una semana”.
¡Ay, Salva, quien estuviera
como tú, de romería,
disfrutando de un descanso
por dejar la soltería,
que bien maridado estoy
mas por holgar, repetía!
Anónimo
. . . . . . .
Y aquí se acabó el carbón
que, estando hasta las narices
de revistas y cartón,
me largo de vacaciones.
¡Cómo que no rima!
En Pies para quiosquero
¿Y cuál haría un librero, que sí rima con quiosquero?