
Interesante el artículo explicativo que Eroski aporta sobre los modelos de préstamo y gratuidad.
Más allá de los modelos algunas grandes superficies empiezan a llenar parte de sus espacios con el libro de texto.
Una de las que, curiosamente, basa su planteamiento en el servicio y la calidad estaba indirectamente haciendo un uso descuidado del nuevo texto legal al permitir que libros con precio fijo como son los de infantil y bachillerato y que obligatoriamente deben tener el precio marcado no dispusieran de precio. Para el resto de los libros de texto, primaria y secundaria, si alguien quiere saber el precio no le que da otro remedio que coger los libros, ir a una caja, esperar que un dependiente o dependienta esté libre y solicitarle que le mire con el lector y le comunique los precios de los libros.
¿No se está con ello dificultando el acceso a una información básica para la compra al cliente? ¿Harán lo mismo con los yogures?
Si, en su propaganda se afirma, aunque en letra pequeña, que: Y también tienes el mejor precio en libros de Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.) ¿Por qué esconder el precio?