
Se sigue tendiendo una visión relativamente romántica del librero incluso entre personas que parecen conocer el sector.
Quizás sería bueno que además de las loas y las fantasías las personas que escriben, con cariño que no me cabe duda, sobre la figura del librero también dijeran, por ejemplo, el tiempo que supone el estar abriendo y cerrando cajas que no van a ningún sitio, la dificultad que todavía existe para disponer de una información a medida de las novedades de los temas que interesen a una librería, el poco interés de muchos editores por facilitar este tipo de tareas y exigir la presencia automática de sus novedades en los puntos de venta, la dificultad para saber en muchos casos con exactitud el estado y situación de un libro pedido.
Todo ello forma parte del perfil del "librero detective" que suele dejar poco tiempo para el "librero gastronómico" que prueba y degusta para después recomendar.
Creo que a Javier Rioyo le gusta más la dimensión gastronómica que detectivesca , pero la primera no existe sin la segunda.
En cualquiera de los dos casos la dimensión formativa es imprescindible, tanto la del gusto como la de las perspicacia.
Actualización: Ecos venezolanos