
Acumular más de lo que podríamos necesitar o aprovechar, proponer a otros una participación en una cultura común erosionada día a día y que va siendo gradualmente reemplazada por la “nada”, sugerir a los pobres y necesitados que se sirvan “más” de las riquezas comunes cuando éstas nunca han estado a su alcance, delimitar o explotar grandes áreas de nuestro planeta y luego pasar a otras, dejando atrás nuestros residuos y desechos, ésos son los métodos de nuestra locura global, en nuestro trato con otros seres humanos, con bosques y mares, con la tierra que habitamos o el aire que respiramos. Gracias a estos métodos, al mismo tiempo que damos la impresión de compartir con los demás nuestra suerte y nuestra desgracia, en realidad no compartimos nada, no entregamos nada, escondemos nuestro vino y acaparamos nuestro té. (Alberto Manguel,
Nuevo elogio de la locura ; pag. 31)