Es triste llegar a Madrid, todavía de camino a Bilbao y encontrarse con la noticia de un nuevo asesinato de ETA. Dan, de primeras, ganas de volver, de no haber bajado del avión, pero es cuando más motivos hay para quedarse.
Triste, por otro lado, que los partidos sólo sean reactivos a hechos consumados ante una sociedad que exige proactividad.